Miguel Ángel Blanco, el punto de inflexión de la sociedad española y la decadencia de ETA.
- Paula Herrero De La Mata
- 10 jun 2024
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 20 jun 2024

Multitudinaria manifestación en protesta por el asesinato de Miguel Angel Blanco /
Imagen: EFE. ANDREU DALMAU
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Miguel Ángel Blanco un joven y concejal del Partido Popular de Ermuna (Vizcaya), fue otra de las víctimas de ETA. Los terroristas dieron 48 horas de margen para que el Gobierno cumpliera con lo que ellos pedían tras este secuestro, si en esas horas no se lo concedían cumplirían con su palabra.
Isabel Martínez, periodista de Informa Semanal vuelve al blog Testimonios del Conflicto para contarnos el suceso de Miguel Ángel Blanco y la figura del periodista.
PAULA (P): ¿Cómo cubrió el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco y de qué forma llegó a la redacción Isabel?
ISABEL (I): Pues llegó por la tarde. Yo creo que pocas horas después. Sí fue después de comer cuando ocurrió el secuestro, pues como cinco horas después, cuatro horas, yo estaba cenando por ahí y era julio, estaba en una terraza y me llamaron para contarme lo que había pasado y me tuve que ir zumbando, rapidísimo a Ermua porque contaban las horas, contaban los minutos.
P: Efectivamente contaban las horas y los minutos el ir a contrarreloj. Y también me imagino que la forma en la que llegaba la información a la redacción.
I: Bueno, eran las dos cosas, o sea, nos trasladamos inmediatamente a Ermua y allí estuvimos las 48 horas, viendo lo que pasaba con nuestros propios ojos hablando, con el alcalde Totorica que era entonces, con algún ertzaina, y la información que iba dando la policía, la presa y el gobierno sobre los comunicados de ETA.
P: Comunicado tras comunicado, cómo narraba anteriormente, ¿Qué momento fue para tí el que más te impacto?
I: Fue todo muy duro. Pero la noche de vigilia, sabes que el día antes hubo una vigilia en la que hubo una comunión espectacular con todos los partidos políticos, la gente salió espontáneamente a la calle y eso me emocionó mucho. Pero cuando estaba llegando la hora y estábamos en la puerta de su madre, de sus padres, pues era duro ver salir a la gente de la casa, porque todos sabíamos que le iban a matar.
P: ¿Era algo que parte de la sociedad se esperaba? A pesar de que hubiera algo de esperanza entre la ciudadanía.
I: Todo el mundo era muy pesista porque, sabías que ETA cumplía lo que hacía y lo que pedía era imposible, imposible. El reconocimiento del País Vasco, amnistía para todos, o sea, era un, digamos, un sí se puede decir para matar, y, además, un fin de semana porque ya sabían que había reportajes los fines de semana y era todo un montaje, yo creo.
P: Porque las manifestaciones que hubo en este caso, la vigilia y otras muchas tantas eran para hacer presión y pedir la libertad de Miguel Ángel Blanco. O sea, todo el pueblo español se unió por una causa y para vencer a una banda y demostrarla también que ya no había miedo, que no existía el miedo contra ellos. Podíamos decir que la ciudadanía se volcó tanto que como veníamos diciendo era algo que sabían que iba a suceder a pesar de la esperanza, pero que hubo mucha fuerza en esos días.
I: Sí, es que ETA nos estaba golpeando muchos años antes. Cada golpe era durísimo. Ese año era, creo, recordar que fue el asesinato también de Tomás y Valiente, quiero recordar y si puede ser ese año, la gente ya empezó a salir a la calle con el movimiento manos blancas desde que mataron a Tomás y Valiente. Eran multitudinarias es que no hacía falta ni convocar, ¿no? pero cada vez era mayor el número de personas que se incorporaban, en la contra de ETA. Con “Basta Ya”, por ejemplo, ¿no? que querían hacer frente a esta con la palabra no, no con lucha, ¿no? Y entonces eran muchos más. ETA en este sentido, estaba acorralada en este sentido, pero todavía tuvieron que pasar muchísimos años más hasta que dejaron las armas.
P: ¿Sentiste miedo a la hora de cubrir este hecho como figura? Porque al final los periodistas estaban expuestos, sin decirlo también.
I: Bueno, yo llego un momento, pero yo creo que, por pura histeria mía, eh, que miré debajo el coche, sabes, algún día, alguna mañana miré debajo el coche, pero bueno, yo vivía en Madrid y no, no, no, yo no tenía miedo.
Cuando tuve un poco de miedo, fue una vez una manifestación frente a la sede de Herri Batasuna en San Sebastián cuando empezaban por ahí, los barroca, sabes, los terroristas de callejeros y nos amenazaron. Bueno, vamos a ver con quitarnos la cámara tal, así que yo me refugie en el Hotel Londres con la cámara, mientras mis compañeros iban por el coche, así estaban las cosas.
P: Si, si no era nada fácil, porque muchos compañeros estaban en la lista de ETA o estaban amenazados, los asesinaron como hay muchos casos o se tuvieron que exiliar, que también fue uno de los factores que intervino en el periodismo.
I: Por eso yo miraba de vez en cuando debajo del coche.
P: Claro, por si acaso, porque nunca se sabía si podía ser tú. He visto y me contaste también que al año del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco hicisteis un reportaje. ¿Cómo fue el reencuentro con la familia?
I: Con la familia no pudimos hablar. Con la sociedad sí. Volvimos a Ermua e hicimos un año después, un programa entero una hora, de Informe Semanal. Y bueno, simplemente se compuso de entrevistas que se en lanzaban unas con otras sin preguntas y sin texto solamente con lo que decían las personas y se fueron, encadenando unas con otras. Y entonces el resultado fue que la gente se sentía muy orgullosa de lo que había hecho, de cómo se había comportado porque ahí no hubo nadie en Ermua que ensalzara a ETA .
Y la gente salió a la calle sin miedo, da te cuenta que era el 96 creo recordar sí, era el 96, y ETA estaba encima y era un pueblo, pero allí la gente salió y se descubrió, yo me sentí muy orgullosa de ellos, la verdad.
P: Justo esa semana fue la liberación de Ortega Lara también.
I: Claro, fue unos días antes.
P: Sí, fue todo esa semana y una semana bastante movida porque encima ahora contaban los días, las horas, los minutos y hasta los segundos porque habían puesto un fin a este secuestro. Y, sin embargo, en el caso de Ortega Lara, que fueron 532 días.
I: Una barbaridad
P: Una barbaridad que jugaba también con la incertidumbre, no hubo tiempo para una organización y poner en marcha una operación.
I: Por eso en revancha, yo creo que por su liberación fue cuando secuestraron a Miguel Ángel Blanco. Tienes razón, pues esa semana fatídica. Pues primero él... la liberación de un empresario, un empresario vasco, Cosme Delclaux. Y al día siguiente un triunfo genial de la policía, ¿no? un éxito sin precedentes, pero notábamos que iba a pasar algo y efectivamente, dos días después creo recordar.
P: Cuando ETA sabía que algo la había salido mal por ejemplo las liberaciones, actuaba con una estrategia de llevar la atención a otro foco inmediatamente. Pues cometía un asesinato o ponía atentados cambiaba el foco dirigía más o menos la forma en la que querían que se informara y se les diera no publicidad. ¿Cómo se estaba dirigiendo los medios hacia lo que ellos querían?
I: Mm, es que esa siempre ha sido...la buena estrategia de ETA y me imagino de todo el terrorismo es hacer una acción e inmediatamente, salir en la prensa, salir que malos son todos que malos son porque eran malos. Pero era la intención de manifestar su fuerza, que ellos no iban a bajar la guardia y ante la acción, represión. O sea, por eso cuando liberaron a Ortega Lara, todo el mundo estaba feliz y estaba encantado, pero con una indecisión de qué va a pasar ahora. Pensábamos un atentado salvaje o algo así, sabíamos que iba a ver una reacción terrorista y fue, fue peor, casi si no sé qué es peor. Bueno, una barbaridad de lo que he dicho no, pero el secuestro Miguel Ángel Blanco nos llegó en esas entrañas a todos, fue terrible. Porque al final también estaban jugando con el miedo de las personas y todos los que estaban allí.
P: Claro, y el empatizar, sí, con las emociones también. Y que te podía pasar sobre todos sus compañeros. Les podía pasar también alguno de ellos que la voz alarma fue no ha parecido hoy al pleno.
I: No es que vamos a ver, era todo muy confuso, pero sabías que había varios objetivos de empresarios, periodistas, políticos y luego la gente en general, por supuesto, las Fuerzas del Orden de Seguridad de Estado y entonces, pues nosotros sí, ahora sabíamos que iba a responder.
P: Sentisteis que muchas veces os tuvisteis que silenciar por miedo a lo que podría pasar y coartar la libertad de expresión, información a pesar de que el periodismo es informar y formar.
I: Sí, es muy difícil, si tú eres periodista, reportero gráfico, esconder la cámara, el trípode y el sonido. Un periodista de periódico de agencia, pues tiene un cuadernillo y ya está, pero los que salíamos al ruedo, pues claro, no pasábamos desapercibidos, pero yo nunca, ya te digo, yo nunca he sentido miedo, solamente aquella vez y mira que estuve años, estuve 15 años haciendo información sobre ETA solamente esas dos veces, eso de mirar de debajo del coche y luego esa vez en Ernani quiero recordar, no, no, en San Sebastián en la sede de Herri Batasuna.
Porque, claro, el problema es, la lucha armada, vamos digamos, o sea quiero decir los terroristas que utilizaban las armas y otra la agitación de la calle, la kaleborroka y los propios vecino anónimos que bueno, pues eso que no podías esconderte. Era un ambiente solerte, ahí ha habido mucha deshonestidad, seriedad por el apoyo moral que tuvo ETA o por el silencio de unos cuantos años, hasta que se fue tomando en la sociedad civil conciencia de que eso estaba mal por muchos años.
P: Claro, no había un equilibrio al final era un extremo u otro.
I: Claro, pero tu imagínate el pueblo donde sucede Patria que puede ser Beasain, no recuerdo donde puede ser, sí, es irrespirable el ambiente de ese pueblo, o sea, así es porque yo lo he visto en el Goibar, es decir, vaya valor que tenía la gente, los políticos de presentarse candidato por el partido popular, el partido socialista, ¿eh? vaya valor. Y les hacían la vida imposible, intentaban. Había en el Goibar una concejala del PP y no la dejaban vivir, le ponían petardos la insultaban por la calle, o sea, ya me contarás al precio que cobra un concejal en el Goibar, por ejemplo, a lo mejor cobra 100€ yo que sé. Cuando dijeron el movimiento socialización del terrorismo, porque publicó Herri Batasuna en un comunicado, socialización, era eso no solamente a los políticos y a la policía, sino a cualquiera.
También hicimos un reportaje sobre los huérfanos de ETA, ¿eh? Y eran bueno, también era estremecedor ver como se habían quedado en entre, el cielo y la tierra, ¿no?.
P: Los huérfanos, de los familiares
I: Sí, los huérfanos de los que tenían hijos y murieron como el matrimonio de una explosión de los GAPO quiero recordar o no, no, no lo sé, si de ETA en la casa de correos, donde es la sede de la Comunidad de Madrid, en la puerta del Sol, en el café del correo que estaba al lado ahí murieron. Por ejemplo, una pareja de gallegos porque hubo una explosión en el bar de que murieron los dos y dejó dos hijos o el fano en Galicia y una vida tristísima.
P: Algo similar pasó con el concejal, Alberto Jiménez Becerril en Andalucía.
I: Sí, también lo cubrimos, pero esa familia que fue dolorosísimo, que los habrá marcado para toda la vida, digamos que era una familia más organizada, y tenía los abuelos y los tíos. Y bueno, yo creo que los protegieron muchísimo, pero había gente como estos de la calle del Correo que no tenía nadie, Incluso quiero recordar que Pepa Bueno hizo un libro, escribió un libro sobre el atentado de la Casa del Cuartel de la Guardia Civil y pasó lo mismo con unos niños que estaban unos solos con un tío y un abuelo, Osea que era una familia menos estructurada.
Todos estos sucesos son al final una historia de luces y sombras, dolor y esperanza. Y es por ello por lo que no podemos olvidar a las víctimas que, como Miguel Ángel Blanco sufrieron en silencio el flagelo del terrorismo.
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